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Sí, Ariel puede ser negra. No, Tiana no puede ser blanca.

Esta semana Disney dejó caer una bomba sobre las redes sociales cuando anunció que la elegida para dar vida a la entrañable Sirenita sería Halle Bailey, una cantante y actriz de origen afroamericano cuya carrera va cuesta arriba gracias a nombres como el de Beyoncé respaldando su talento. La polémica no se hizo esperar y la ola de comentarios tanto a favor como en contra fue demoledora.

El cambio drástico en la protagonista es evidente, pues quien llegará a la pantalla grande no será la danesa pelirroja y ojos azules que conocimos hace treinta años; en esta ocasión Disney arriesga uno de sus clásicos más exitosos apostando por una sirena de piel oscura pero, ¿es esto de verdad tan grave?, ¿de verdad cambia la estructura de la trama que la nueva Ariel tenga rasgos afrodescendientes? Aquellos más ofendidos por la decisión de Disney alegan que sí, incluso lo comparan con elegir a actrices europeas para abordar los papeles de otras heroínas del mundo de disney de origen étnico como Pocahontas, Mulán o la princesa Tiana.

Este es un argumento que sinceramente me parece exagerado para defender a un personaje ficticio que, a diferencia de las tres mencionadas anteriormente, el contexto sociocultural o político en el que se desarrolla no afecta su trama principal: la historia de Tiana, a diferencia de la de Ariel, se sitúa en un panorama social específico (La Nuevo Orleans de los años 20) y se desenvuelve bajo una fuerte influencia de la cultura que se experimentaba en ese contexto post guerra, además de mucho folklore como, por ejemplo, es el caso de Mamá Odie quien es directamente una homenaje a Marie Laveau, una legendaria afroamericana de Nuevo Orleans. Bajo un contexto tan fuertemente ligado a Tiana y su origen afroamericano sería inverosímil que fuese interpretada por una mujer blanca.

Con Pocahontas y Mulán pasa un caso muy similar: su realidad cultural está fuertemente ligada a sus tramas y a sus esencias como protagonistas. Pocahontas, por su parte, como una nativa americana en plena colonización inglesa y Mulán como una mujer que sin voz ni voto se hizo leyenda en la china antigua.

En el caso de Ariel, a pesar que el autor del cuento en la que se basa la película de Disney era de origen danés, no hay un contexto poderoso ni cultural ni políticamente hablando que la ligue tan fuertemente a Dinamarca como para no recrear la historia de la Sirenita bajo estos nuevos términos que pone Disney sobre la mesa. Créanme, no es personal: historias como la de Mérida por ejemplo, con grandes influencias en la Escocia Medieval, tiene suficientes razones para exigir una actriz pelirroja y de piel clara.

 

A mi parecer, y gracias a una historia tan universal como la que escribió Hans Christian Andersen en La Sirenita, sólo se está aprovechando la oportunidad de que nuevas generaciones puedan vivir las historias que ya pudimos vivir nosotros en nuestra infancia y, si no estamos conformes con esta nueva versión, siempre podremos regresar a la versión animada que tanto amamos. Ahora sólo hay que buscar un reproductor de VHS que funcione. 

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